N°15
BULIMIAS ANOREXIAS

Nº15 Bulimias Anorexias
¿Dónde conseguir el número?

N°15
BULIMIAS ANOREXIAS


ENTREVISTA A MASSIMO RECALCATI
por Edit Beatriz Tendlarz

Entrevista a OSCAR ZACK
por Juan Diego Epherra

SOBRE LA ANGUSTIA ORAL
por Marcelo Barros
DE LA ANOREXIA AL SÍNTOMA
por Verónica Carbone
ANOREXIA, ANGUSTIA Y MIEDO
por Graciela Sobral
BELLE-DE-JOUR
por Olga G. de Molina
UNO U OTRO
por Juan Ventoso
ADELINA
por Gustavo Dessal
SOBRE EL PESO DE LA TENTACIÓN
por Ana María Shua

Más allá del pan comido

por Edit Tendlarz

El can Cerbero, que según los griegos protegía vigilante las puertas del infierno, tenía tres cabezas. Por lo tanto, también tenía tres gargantas ávidas que había que saciar. Correspondían a los tres sentidos que acosan en cada comida: el gusto acompañado por la vista y el olfato. Es así que los alimentos se presentan, seductores o terribles, a esa otra trilogía de síntomas llamados nuevos que son las anorexias, las bulimias y las obesidades.
En el Renacimiento, Gargantúa y Pantagruel, los dos personajes de François Rabelais, representaban un ideal de voracidad que podía ser saciada: no en vano eran reyes y gigantes estos protagonistas de una era de hambrunas. Volviendo a la Edad Media, que separa a la Antigüedad grecolatina del Renacimiento, el cristianismo había erigido una lista de siete pecados capitales entre los cuales figuraba la gula. Los golosos y las golosas se comían todo, y si esto podía ser un ideal para griegos, romanos o renacentistas franceses, no lo era para el clero católico medieval que había convertido el comer mucho en un pecado.
Con el capitalismo, que será correlativo al Renacimiento pero también a la Reforma protestante, la gula adoptará formas menos teológicas y se expandirá, como una metonimia, en la ambición por todo tipo de bienes materiales. La avidez de comida se volverá consumismo. El discurso capitalista logró sostener la ilusión de que una oferta ilimitada de objetos de consumo puede salvar al ser humano del dolor de existir. La búsqueda de paliativos mundanos a la existencia dolorosa del ser hablante imprime realmente un carácter esencial a nuestra época. Una época que pone en evidencia la debilidad de los ideales en virtud de un mercado que promete que, con solo pagar, existiría un goce disponible para todos.
Anorexias, Bulimias y Obesidades no son en nada  ajenas a esta dimensión. Las anoréxicas parecerían abstenerse de todo consumo. Para usar una imagen, son huelguistas de hambre, o acaso artistas del hambre como en el cuento de Franz Kafka, que parecerían volverse independientes de todo objeto. En realidad, las anoréxicas traducen en su cuerpo otra gran mitología de nuestras sociedades. Si las obesidades y las bulimias evidencian la dimensión exacerbada, gigantográfica, del mercado, las anorexias exaltan lo visual y vuelven al propio cuerpo un registro social sin precedentes.
Para el capitalismo, el gobierno del cuerpo y su armónico control pasan a través de la economía de la garganta. Garganta que se transforma, a su vez,  en otro objeto. En la Antigüedad, en cambio, el cuerpo debía dar cuenta de sus propios actos a sí mismo: no a mandamientos, a listas de pecados, a normas de consumo. Sólo a su propio deseo. Era el precepto griego y socrático del “conócete a ti mismo”. En este reconocimiento se fundían la fisicidad corporal y la interioridad. De esta manera el conocimiento de sí venía a coincidir con la cura de sí. No es casual que Sigmund Freud fundara el psicoanálisis sobre los pilares del inconsciente y de la sexualidad, pero también sobre una reformulación de la máxima griega.



Todas las ediciones